martes, 10 de septiembre de 2013

Josep Carreras: Genio musical y de la Solidaridad.

Hay tantos personajes ilustres que destacan por su portentoso talento que si tuviera que hacer una selección de los mismos me resultaría una tarea harto complicada, pues en mi caso son muchos los que logran traspasar mi armadura emocional y llegar al punto más recóndito del alma, pero únicamente pocos dejan una huella que me impacte tanto como para revolucionarme a nivel interior, y eso es lo que precisamente me ha pasado este fin de semana tras la lectura de una entrevista concedida a "El País Semanal" por el tenor Josep Carreras, un personaje que,como es bien sabido,  suele prodigarse muy poco en el círculo mediático que tenemos en la actualidad.
No me considero un experto en la lírica, es más, jamás he asistido a la representación de una obra operística y eso que algunas oportunidades se me han brindado, pero nunca he sentido el anhelo ardiente de contemplar una obra de tales características, lo cual a veces me ha hecho replantearme el porqué de mi negativa o desgana cuando he recibido alguna invitación para asistir a un evento como tal, cuando se supone que amo el Arte en todas sus vertientes... En fin, un enigma más en mi sempiterna compleja existencia.
Como comentaba anteriormente, leer la mencionada entrevista a un Genio de la categoría de Carreras me ha influenciado muchísimo a nivel emocional, pero no ya solamente por su  prestigio y solidez en cuanto a su carrera artística, sino mayoritariamente por su extraordinaria labor humanitaria y social como artífice de una Fundación que lleva su nombre y que creó con el fin de investigar y tratar una enfermedad tan cruel y "silenciosa" como es la Leucemia, de la cual el tenor fue diagnosticado en 1987 y afortunadamente logró superar. 
A medida que uno lee la entrevista va descubriendo a una persona con una gran Humanidad, que destila serenidad y gran sabiduría en sus palabras, y que sólo aquellos, a mi juicio, que han experimentado una situación como la que él padeció, son capaces de sentir y hacernos llegar a muchos otros. Es en este punto donde quiero enfatizar mi admiración por Josep Carreras, y como él a tantos otros Personajes Conocidos, que hacen un buen uso de la Fama para compartir con el resto de ciudadanos anónimos sus experiencias menos gratas y así concienciar sobre muchas enfermedades o situaciones, que atacan o surgen sin importar la condición social o económica del afectado.
Por todo ello, siento una gran satisfacción cuando veo que muchas personas hacen un buen uso del dinero, de sus ganancias, que no todo es para saciar su extremmado consumismo, lo cual es perfectamente lícito por otra parte, pero en un momento como el que estamos viviendo, la solidaridad y el buen hacer por el prójimo creo que son valores que deben prevalecen por encima de cualquier razón materialista, y Josep Carreras es un excelente exponente de que lo material puede ser muy bien empleado.






viernes, 6 de septiembre de 2013

El retorno de una "gran" contadora de historias.

El mes de septiembre ha hecho su entrada y como es bien sabido, comienzan no solamente el curso escolar y el nuevo ejercicio político, sino que también es el momento en que el panorama literario de nuestro país se ve invadido por la publicación de numerosas obras, rasgo distintivo de la "rentrée" otoñal, y en esta ocasión la autora que se ha llevado el honor de inaugurar el nuevo curso literario es la madrileña Julia Navarro, que tras casi cuatro años de silencio narrativo, irrumpe de nuevo en el tan fluctuante mercado de las letras con una novela que lleva el soprendente título de "Dispara. Yo ya estoy muerto".
Antes de comentar mis impresiones sobre la lectura de la citada novela, me gustaría hacer un pequeño repaso a la vida y actividad profesional de la novelista, a fin de que todos aquellos que no conozcan de su existencia o les suene vagamente, puedan tener una referencia de esta talentosa autora: Julia Navarro nació en Madrid en 1953, en el seno de una familia vinculada al Periodismo, profesión que la misma autora escogería para labrarse un futuro y en la que ha logrado consolidarse como una figura de renombre, convirtiéndose en una de las mejores analistas políticas del momento. Julia Navarro comenzó su andadura periodística hace más de treinta años, en los tiempos de la Transición, y ha colaborado con medios como La Cadena Ser, La Cope, Telecinco o más recientemente, la Agencia OTR/EUROPA PRESS. A la par que periodista, Navarro ha sabido hacerse un hueco en el tan competitivo y complicado mundo de las letras, donde cada día aparecen autores noveles que tienen que luchar lo indecible para conseguir un mínima atención por parte de los sellos editoriales y hacer frente a esas ya consagradas figuras.
"Dispara, yo ya estoy muerto" supone la quinta novela de Julia Navarro, que hizo su debut literario en 2004 con "La hermandad de la Sábana Santa", a la cual han seguido "La Biblia de barro" en 2005, "La Sangre de los Inocentes", 2007 y "Dime quién soy", en 2010.
Es una obra bastante extensa, de casi mil páginas, en la que la autora hace un retrato pormenorizado de las relaciones entre el pueblo judío y el árabe, su coexistencia y su posterior enfrentamiento tras la creación del Estado de Israel. Serán dos familias, los Zucker y los Ziad, quienes acerquen al lector a la cruda realidad vivida en Oriente Próximo en las últimas décadas, pero al mismo tiempo, y por medio de numerosos "flashbacks", se hace también un recorrido histórico en la evolución del pueblo judío, tan perseguido y masacrado desde los albores de la Humanidad.
Indudablemente esta novela es una "Gran Historia" que se puede diseccionar en varias historias, y por medio de las cuales se puede conocer, casi sentir, los principales acontecimientos que han marcado al ser humano, directa o indirectamente en los últimos cien años. De ahí la complejidad, a mi juicio, de poder resumir el argumento de la obra en unas pocas líneas, pues realmente son tantas las subtramas y personajes implicados, que centralizar la temática y demás se me presentado una tarea harto complicada, aunque si resaltaría dos temas que me han calado profundamente por la manera en que la autora los ha expuesto: en primer lugar la Amistad  entre miembros de dos comunidades tan dispares como son la judía y la árabe, que durante la mayor parte de la novela antepodrán sus sentimientos de lealtad y afecto a sus graves diferencias religiosas o políticas; en segundo lugar, La Familia, que en esta historia cobra un protagonismo importantísimo, con independencia del colectivo que sea, pues es un claro ejemplo de los lazos tan fuertes que antaño existían en ese ámbito de la vida, y la responsabilidad que para con ella había, pues no sólo era un refugio al que acudir siempre que alguien lo necesitara, sino que también era un deber el responder por ella.
Julia Navarro ha logrado una gran ambientación y recreación histórica de los sucesos narrados y personajes retratados, muchos de ellos verídicos, lo cual demuestra una vez más la profunda y exhaustiva labor de documentación e investigación que siempre ha realizado para la escritura de cada una de sus novelas, lo cual, unido a  esa maestría para mantener el interés del lector durante toda la obra, como nos pasa a todos las que la seguimos desde sus comienzos, la convierten en una de las mejores escritoras de la actualidad.